Integración ¿Es posible un trabajo en RED?


Este artículo no trae respuestas sino preguntas, no propone soluciones, sino que busca poner sobre la mesa una temática que atañe a las escuelas argentinas y ¿por qué no? del mundo: el aumento de los casos que requieren integración. Los y las invito a leer mis ideas sobre la siguiente problemática.

 

Es de público conocimiento el aumento de los casos que requieren integración en las Escuela Comunes de la Argentina, todas poseen al menos un niño o niña que requiere de este proceso y en algunas, como en donde me desempeño como docente, hay hasta 10. En una situación ideal, esto implica que por cada caso haya: un niño/a, dos adultos responsables (familia), su docente, su Acompañante Personal No Docente (APND), psicopedagoga, profesionales que lo atienden en el consultorio (pediatra, psicólogo/a, psicopedagoga, etc.) y el equipo directivo. Todos intentando trabajar en RED para lograr que ese niño o niña logre permanecer en la institución 4 horas y, encima, aprenda contenidos escolares.

La situación descripta resulta compleja por la cantidad de actores que intervienen en el proceso de integración. No obstante, hay muchas variables que no mencioné que atraviesan a estos actores y que obstaculizan el proceso de integración.

En primer lugar, la familia. En este punto los y las invitó a utilizar su imaginación o simplemente realizar un acto de empatía. Los/as cita la docente del niño o niña que son responsables para decirles que el sujeto en cuestión está teniendo dificultades en el aprendizaje. Ese pequeño/a que representa su mundo, para el cual viven, trabajan y “respiran” no está siendo todo lo que soñaron, no va a traer su boletín lleno de 10, no va a ser el primero o la primera que lea en su salita, no está yendo por el camino correcto hacia el doctorado en leyes. Sabemos que no es fácil aceptar que un hijo/a no es lo que uno esperaba o no cumple con lo que la sociedad espera de él o ella, genera angustia, decepción, los adultos no saben cómo responder ante esta situación y esto dificulta el proceso de integración. Por ello, ya tenemos una punta de la red que no está funcionando como debería.

En segundo lugar, la docente. Esta profesional que se formó durante 4 años en un profesorado, estudió acerca de las didácticas de todas las áreas, conoce el proceso evolutivo de las personas, sabe de historia, matemática, lengua, literatura, ciencias naturales, ciencias sociales pero, nada sabe de procesos de integración. Desconoce, por ejemplo, cómo ayudar a un niño o niña con Autismo, o que hacer con aquellos/as que posee TGD, ADD y todas esas siglas que tan de moda están. Sumado a esto, en el mejor de los casos, ingresa a la sala/aula una persona nueva –con las ansiedades que sabemos que eso genera- la APND.

La Acompañante Personal No Docente es una nueva figura que ingresó hace poco al cotidiano de las escuelas. Es una profesional, generalmente psicopedagoga o psicóloga, contratada por la Obra Social del niño o niña en cuestión que tiene como función acompañarlo en sus tareas dentro de la jornada escolar. Surge a partir del reiterado pedido de las docentes que manifestaban no poder atender a los 30 niños/as en simultaneo y menos si uno de ellos/as necesitaba atención aún más personalizadas. No obstante, esta nueva figura no ingresó a las instituciones de manera positiva, ya que son muchos los casos en que las docentes se quejan de que no les es funcional esta persona dentro de la sala/aula. Los motivos van desde distintos criterios pedagógicos hasta “falta de química”, sí leyó bien.

Por otro lado, quizás el lado más importante, está el profesional que atiende al niño o niña en cuestión. La palabra de este actor perecería ser la más importante dentro del procesos, pese a que lo ve una hora por semana en el mejor de los casos. Su palabra tiene más peso en la escuela que en su propio consultorio. Su firma es la llave que abre la mayoría de las puertas, es quien da el diagnostico, quién determina qué tipo de educación necesita y quien facilita el famoso CERTIFICADO DE DISCAPACIDAD.

Aquí ha llegado el punto más importante de todo este artículo: El certificado de Discapacidad. Cada vez que nos encontramos con una docente y mencionamos que estamos atravesando un proceso de integración es frecuente escuchar ¿tiene diagnostico? ¿Tiene certificado de discapacidad? Resulta interesante definirlo: “El Certificado Único de discapacidad (CUD) es un documento público que se otorga a toda persona que lo solicite que tenga una deficiencia física, intelectual, psicosocial, visceral o sensorial a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, pueda impedir su participación plena y efectiva en la sociedad.” Esta definición en ningún lado dice que ese documento nos facilitará las adecuaciones curriculares que debemos realizar para el niño o niña en cuestión. Entonces ¿POR QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE DEL PROCESOS DE INTEGRACIÓN? Sí, contribuye a que la familia pueda acceder a varios beneficios en pos de la integración, pero como docente no nos ayuda a realizar nuestra tarea. ¿No les parece?  
Quien intenta coordinar a todos estos personajes es el equipo directivo y, en caso de que la escuela cuente con una, la psicopedagoga. Sabemos que las escuelas del Estado no poseen una que este permamentemente en la intitución, por ello las directoras, vicedirectoras y secretarias intentan cumplir esta tarea. Sin embargo, no olvidemos que también son docentes que aprende de esta problemática en la medida que atraviesan una integración. 

Sin dudas existen muchos profesionales que han escrito al respecto y que quizás les puedan brindar muchas respuestas sobre esta temática. No obstante, me parece importante que se hable, que se pregunte, que se cuestione. Pero, por sobre todo que se hable en el ámbito de la política porque esta no es una problemática propia de la escuela, es una problemática que atañe a la escuela por la falta políticas públicas que la regularicen y la alivianen. Sistemas de salud que trabajen con la educación, educación pública de calidad, docentes bien formados, escuelas en condiciones y contextos saludables en los que los niños y niñas se críen. Una cadena sin fin de deficiencias que vulneran los derechos de ese pequeño/a.

Por último, integración ¿Es posible un trabajo en RED? Tejer redes es un arduo trabajo, implica esfuerzo, constancia, buena predisposición, tiempo y empatía. Sinceramente, no tengo la receta ni la respuesta a esta pregunta. De todos modos, me parece sumamente interesante que cada uno/a se la responda al mirar a ese niño o niñas que nos pide ayuda, que nos necesita y tiene el derecho de recibir educación de calidad.






Comentarios